Este NO es mi año

Esta mañana me ha quedado claro que este no es mi año. No estoy en mi mejor forma y hoy lo he pagado con creces.

Esta mañana se ha celebrado en Valencia la famosa “Volta a Peu”, la que para muchos fue nuestra primera carrera. Para mi lo fue en el instituto, cuando odiaba correr y era un suplicio para mi, pero decidimos apuntarnos por aquello de que medio instituto la hacía y motivadas por varios profesores. Mucho ha llovido desde entonces.

Este año me emperré en hacerla. Este año tiene que ser mi vuelta a esta carrera, a los recuerdos de aquel año, a correr por zonas que he corrido muchas veces, pero de forma diferente. Y nos apunte NoMa y a mi. Eso sí, a sabiendas de que era posible que no la terminara ya que se celebra a las 10 de la mañana. En mayo. En Valencia. El infierno. Pero nos apuntamos. Y a sabiendas que venia de una lesión de rodilla izquierda que ya conté en el post anterior.

A las 9:30 ya estábamos posicionados, con el pulsómetro dando morcilla diciendo que no, que no funcionaba y que se reiniciaba cada vez que buscaba señal de gps. Nimiedades que tocan las narices.

Empezamos, NoMa desaparece entre la muchedumbre y yo tiro. Mucha gente, muchísima, de todas las edades. De echo, delante de nosotros, antes de empezar, una familia con dos nanos de unos 9 y 7 años con camisetas de Correcaminos SD (mítico grupo de entrenamiento de la ciudad), que estoy segura que me hubieran fundido en 300 metros.

Hasta el kilómetro 4, la mitad, bien, pero fue llegar al tunel de Germanías y empezar a flojear. Mucho calor, pulsaciones altas y toca andar para bajarlas y recuperar fuerzas. Así hasta el final.

A 100 o 200 metros de la meta, justo antes de doblar hacia el Puente del Real (el de Viveros) he notado dos “clacks”seguidos: cadera y rodilla derecha. Y tener que parar. No poder correr. La cintilla iliotibial. Con un dolor casi insoportable (esto sí que es dolor) he llegado a meta. Iba a abandonar, pero total, NoMa me esperaba al final de la meta, qué más daba pasar por el arco de meta que por al lado si tengo que ir al mismo sitio.

Ahora me tocará una o dos semanas de parón. Justo ahora que empezaba un entrenamiento para la 10k de L’Eliana. Una fucking mierder.

Fin de semana completito

Este ha sido un fin de semana completo. Charlas, reencuentros, entrenamiento y animadora en el MAMOVA*.

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Foto con Cristina Mitre by Runner For You

El viernes Cristina Mitre dio una pequeña charla en La Pechina sobre “Cómo correr sin prisas”. Reconozco que fue un poco más de lo mismo, pero con la energía que tiene y el buen rollo que desprende, da gusto ir a verla. Allí me reencontré con un par de personas con las que compartí equipo y me hizo ilusión. En especial me ilusionó una de ellas, Lorena, con la que compartimos opiniones y misma visión de cómo había evolucionado el equipo que compartimos. Me alegra saber de ella (si me lees, un beso enorme).

El sábado por la mañana, Mitre había organizado un entrenamiento por el río y allá que me fui, a trotar poco y andar mucho. Me ha quedado claro que la rodilla está tocada y tengo que hacer bondad e ir al médico. Una de las cosas que más me gustó de la mañana fue desvitalizar a la parte femenina de No solo de correr vive el runner. Hablamos poco, pero fue un placer. Y un saludo especial a la parte masculina y ánimo con ese descanso 😉

Y por último, esta mañana una amiga se estrenaba en los 21km y de una manera muy especial: por la montaña. Así que allí nos hemos ido. A animarla, aplaudirla y abrazarla. Nos hemos encontrado con Kike y Mercedes de Gent de Foios, que son puro amor y siempre es un placer verles.

Reconozco que me han dado un poquito de envidia, a mi lo de la montaña se me resiste pero me llama mucho. Quiero probar, pero me da mucho respeto. Probaré seguro, que leches. Los miedo están para saltarlos. Aunque tendré que ir drogada de biodramina, que las carreteras secundarias y yo… :S

*MAMOVA: Maratón de Montaña de Valencia.

3 años y un día

Ayer hizo tres años que salgo a correr. Enganché a mi pareja para que empezara conmigo, con pocas esperanzas de seguir más allá del verano y mira ahora, aquí sigo, corriendo, disfrutando, sufriendo, haciendo carreritas, planeando algunas en futuros no tan lejanos, sudando como una bendita, haciendo ejercicios de fortalecimiento, incluso soñando con imposibles.

Quién me lo iba a decir a mi, la niña gordita q no podía correr xq se ahogaba (reconozco q hay momentos en los que me ahogo todavía), la que andar bien, pero eso de correr como que no. La que veía a la gente correr y se preguntaba el por qué, si eso cansa; la que, cuando sus conocidos empezaron, no lo entendía; la que, una tarde, paseando a la perra, decidió correr hasta el final de la calle y no pudo, pero pidió ayuda para poder correr aunque fueran 25 minutos seguidos. Y la que lo consiguió.

Ayer salí bien temprano, sola, y me hice 5,5km. Sufrí, sudé y disfruté. Al fin y al cabo se trata de eso, no? De disfrutar. Y esta noche soplaremos una vela por esos tres años de darle a la zapatilla. Esperemos que sean muchos más.

Reflexiones de una tortuga

Madre mía, todavía tengo a mitad el post de Ekiden y yo aquí, cambiando de tema… 

Vengo desanimada. El caso es que ayer se cerró la temporada invierno/primavera del Circuito con la Vuelta a Pie Levante UD, una carrera a la que le tenía muchas ganas porque el año pasado me lo pasé genial y fue una las mejores que hice, y este año prometía, quería bajar de tiempo. Y a medida que se acercaba la carrera la cosa prometía más porque mi amiga Elisa iba a hacerla conmigo, aprovechando que bajaba ese fin de semana a ver a la familia. Jolines ¿qué podía salir mal? El calor, claro, el maldito calor.

El día anterior, tras comentar por dónde aparcar, qué ropa llevar, etc (aparte de estar juntas desde la hora de comer, ir de compras y tomar horchata jijijijiji), quedamos sobre una hora en el punto de información. Nos vemos, nos saludamos y abrazamos, saludo a sus padres, otros dos campeones que entraron por delante de nosotras y eso que, según su madre “llevo meses sin hacer nada, sin correr” -pues menos mal… que empuje tiene la amiga-, nos metemos en harina, casi casi al final de todo. Dan la salida y tardamos 3 minutos en cruzar el arco, nada fuera de lo habitual. Ahí es donde empieza lo bueno.

Al empezar en la ronda norte y seguir por avenidas anchas no tenemos ningún problema en ir adelantando gente. Llega el primer kilómetro. Bien. Primer kilómetro y medio empezamos a echar de menos la sombra. Bajamos ritmo. Seguimos. Giramos por Primado Reig y oh! sombra! por fin! Apretramos un pelín y seguimos. Pero volvemos a girar por Emilio Baró, ya llevamos la mitad, es en pequeña subida y yo ya no podía más. Bebía y nada. Me tiraba agua por encima y nada. El último tramo antes de subir por Alfahuir lo tuve q hacer andando. Y justo allí estaba Fernando, el entrador de Runners Ciutat de València, mi ex equipo y me dio ánimos para seguir. Necesito volver a andar. Elisa no para de darme ánimos. Vemos el arco de “L’ultim esfroç” (El último esfuerzo), kilómetro 5. Eso ya está hecho. Seguimos seguimos seguimos y entramos en el estadio, y cogidas de la mano cruzamos el arco de meta.

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El tiempos oficial fue de 39’28”, ritmo medio 6’50”.

Fue una gozada poder correr con una persona al lado, y no cualquier persona, porque en todas las carreras corres con gente al rededor. Correr con una amiga es muy diferente. Se me hizo todo menos duro porque sabía que ella estaba ahí, la veía en cada momento. Y cruzar juntas la meta… es otro mundo totalmente diferente al que estoy acostumbrada.

Y bueno, te preguntarás que por qué estoy desanimada. Pues porque veo que entreno, me esfuerzo, hago ejercicios de fortalecimiento y no consigo bajar ni de tiempo ni de pulsaciones (este es un tema que debería de mirarmelo más seriamente), no consigo estar a la altura de la gente que tengo a mi al rededor, de mis amigos. Ayer sentí que Elisa estuvo tirando de mi cuando se supone que íbamos a pasarlo bien, a charrar… No se cómo explicarlo. Igual es que no estoy hecha para correr…