Mucho runner y poco corredor

Parece que solo venga aquí a quejarme, pero es que tela.

Ayer empezó el Circuito de Carreras de la ciudad con la carrera de Galápagos y nada, allá que fuimos. Omitiré la odisea de llegar hasta meta… Soy un desastre y las mañanas de domingo se me dan mal…

Al lío. Llegamos con todo preparado: música puesta, auriculares nuevos listos (ya os contaré), pulsómetro gps listo, dorsal más o menos colocado, chip en la zapa y a correr. Como siempre, muy tapada, luego me paso media carrera quitándome ropa. Menos mal que esta vez fui lista y solo llevaba el cortavientos y unos manguitos. ¡Benditos manguitos! Pensaba que eran una chorrada, un complemento inútil más, pero no. Para gente calurosa como yo, la verdad, es que son una gozada.

Salimos, bueno, en realidad salgo, porque el parejo en seguida coge ritmo y ya no le veo hasta que acabo. Pues eso, salgo desde bien delante (detrás de los preferentes, eh? No penséis que me cuelo dónde no me toca), fallo de nuestra llegada, y como siempre me pasa cuando salgo desde esas posiciones: gente adelantando a gente dando empujones, sin importar nada más que pasar delante. Pensaba que, como siempre, al pasar el primer kilómetro y medio, esto cesaría, pero me equivoqué. Me tiré toda la carrera esquivando hombros y codos, pero me llevé unos cuantos golpes.

Ya no hay respeto, lo único en lo que se piensa es en llegar a meta antes que nadie, sin importar si empujas o no a otro. Ser más rápido, llegar antes para la foto y poder presumir. Esto es lo que jode las carreras y la imagen del deporte, como las patadas y malas entradas en el fútbol (aunque no soy nada futbolera, pero para que lo entendáis.)

Con los empujones que recibí me acordé del caso de una mujer, hace unos años, que estaba en la recta final, a escasos metros de pasar por el arco de meta, cuando un listillo, esprintando como si fuera Bolt, le dio un empujón y cayó al suelo con tan mala suerte que se rompió un hueso del brazo y tuvo unas cuantas contusiones. No se si aquello repercutió en aquel listillo, recuerdo que la pareja de la mujer comentó que se quedó con el número de dorsal, pero a saber.

Otra de las cosas que me indignó SOBERANAMENTE fue el comportamiento de unos chavales que en un momento muy concreto de la carrera en el que te cruzas con los que van más atrás que tú, empezaron a gritar a estos “jaja, se siente, vamos más rápido”. Les tuve que gritar, pero juro que si soy voluntaria les tiro de la carrera retirándoles el dorsal.

Años antes, según me contaba mi suegro, los corredores hacían piña, se saludaban, se ayudaban, sin importar edad, tiempos ni equipos. Con esto de running y la moda, esto se ha perdido. Solo cuando empecé, recuerdo a un hombre que nos vio al parejo y a mi, y cuando nos adelantó bajó ritmo para darnos ánimos y felicitarnos por el esfuerzo de salir a correr. El resto del tiempo, nada. Y mira que intento saludar y sonreír cuando me cruzo con alguien. Mira, me acabo de acordar de un señor por la huerta, que nos cruzamos en dirección contraria las dos veces, me saludó. La segunda vez hasta levantó los brazos! Me emocionó. Tonta que es una jijijijijiji.

Acabé la carrera con un sabor agridulce (más agri que dulce por otro tema de la organización) por todo lo que he contado. Pero luego me fui a almorzar un bocata de tortilla con ajoaceite que quita el hipo.

 

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