Reflexiones de una tortuga

Madre mía, todavía tengo a mitad el post de Ekiden y yo aquí, cambiando de tema… 

Vengo desanimada. El caso es que ayer se cerró la temporada invierno/primavera del Circuito con la Vuelta a Pie Levante UD, una carrera a la que le tenía muchas ganas porque el año pasado me lo pasé genial y fue una las mejores que hice, y este año prometía, quería bajar de tiempo. Y a medida que se acercaba la carrera la cosa prometía más porque mi amiga Elisa iba a hacerla conmigo, aprovechando que bajaba ese fin de semana a ver a la familia. Jolines ¿qué podía salir mal? El calor, claro, el maldito calor.

El día anterior, tras comentar por dónde aparcar, qué ropa llevar, etc (aparte de estar juntas desde la hora de comer, ir de compras y tomar horchata jijijijiji), quedamos sobre una hora en el punto de información. Nos vemos, nos saludamos y abrazamos, saludo a sus padres, otros dos campeones que entraron por delante de nosotras y eso que, según su madre “llevo meses sin hacer nada, sin correr” -pues menos mal… que empuje tiene la amiga-, nos metemos en harina, casi casi al final de todo. Dan la salida y tardamos 3 minutos en cruzar el arco, nada fuera de lo habitual. Ahí es donde empieza lo bueno.

Al empezar en la ronda norte y seguir por avenidas anchas no tenemos ningún problema en ir adelantando gente. Llega el primer kilómetro. Bien. Primer kilómetro y medio empezamos a echar de menos la sombra. Bajamos ritmo. Seguimos. Giramos por Primado Reig y oh! sombra! por fin! Apretramos un pelín y seguimos. Pero volvemos a girar por Emilio Baró, ya llevamos la mitad, es en pequeña subida y yo ya no podía más. Bebía y nada. Me tiraba agua por encima y nada. El último tramo antes de subir por Alfahuir lo tuve q hacer andando. Y justo allí estaba Fernando, el entrador de Runners Ciutat de València, mi ex equipo y me dio ánimos para seguir. Necesito volver a andar. Elisa no para de darme ánimos. Vemos el arco de “L’ultim esfroç” (El último esfuerzo), kilómetro 5. Eso ya está hecho. Seguimos seguimos seguimos y entramos en el estadio, y cogidas de la mano cruzamos el arco de meta.

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El tiempos oficial fue de 39’28”, ritmo medio 6’50”.

Fue una gozada poder correr con una persona al lado, y no cualquier persona, porque en todas las carreras corres con gente al rededor. Correr con una amiga es muy diferente. Se me hizo todo menos duro porque sabía que ella estaba ahí, la veía en cada momento. Y cruzar juntas la meta… es otro mundo totalmente diferente al que estoy acostumbrada.

Y bueno, te preguntarás que por qué estoy desanimada. Pues porque veo que entreno, me esfuerzo, hago ejercicios de fortalecimiento y no consigo bajar ni de tiempo ni de pulsaciones (este es un tema que debería de mirarmelo más seriamente), no consigo estar a la altura de la gente que tengo a mi al rededor, de mis amigos. Ayer sentí que Elisa estuvo tirando de mi cuando se supone que íbamos a pasarlo bien, a charrar… No se cómo explicarlo. Igual es que no estoy hecha para correr…