Agosto, ese mes.

Agosto es un mes complicado: hace calor, la gente tiene vacaciones, los días son más largos aunque empiezan a acortarse, surgen mil planes… Y a mi no me apetece correr.

Es la verdad, no me apetece. Y este año, no se lo que pasa, que soy incapaz de madrugar para salir, como lo hacía el año pasado. Aunque eso no significa que esté tirada a la bartola sin hacer nada. En estos casi 15 días me han salido mil planes, algunos viajes e incluso alguna faenilla. Sin contar los compromisos de todos los años. El caso es que entre unas cosas y otras me he ido a andar un par de tardes, otro día cogí la bici y me fui con michico a almorzar y a hacer un par de recados al centro, unos días en la playa con amigos (esto ha sido más bien un no parar de comer pescaito y beber cerveza) y revolcarse en la orilla con los sobris.

Ayer volví de un fin de semana largo por el sur pensando en calzarme las pegasus y volver a la carga. He mirado los entrenamientos que me enviaron el domingo y creo que, después de ver lo que ha marcado la báscula y la casi inactividad runera, voy a saltármelos un poquito y saldré a trotar por los bosques, porque aunque he vuelto a la terreta no estoy en mi casa.

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